FORMAR PARA EL BIEN COMÚN

ANÁLISIS DE LOS GRUPOS QUE CUESTIONAN LA AUTORIDAD DEL PAPA

“HUMANUM” ENTREVISTA A RODRIGO GUERRA: Existen cuatro grandes grupos conservadores que de manera explícita desafían la autoridad del PAPA FRANCISCO. Actúan a través de redes sociales, medios de comunicación y think-tanks: 1) Sedevacantistas y Lefebvristas; 2) Ultraconservadores rigoristas que no logran acoger del todo el CVII; 3) Personas y grupos de buena fe que no perciben que el “conservadurismo” -como el “liberalismo”- es una ideología incompatible con el evangelio; 4) Grupos políticos de ultraderecha que al margen de la fe manipulan alegremente a creyentes conservadores.

Conservadurismo, el papa Francisco y el abuso sexual del clero.

Los escándalos de abuso sexual que han implicado a miembros del clero católico se han sumado a una campaña de desprestigio contra el papa Francisco encabezada por algunos cardenales. El momento por el que atraviesa la Iglesia puede generar desconcierto entre algunas personas, ya que continuamente los medios de comunicación destacan los aspectos más escandalosos de estos hechos y muy pocas veces se detienen a ir al fondo de los problemas.

Para abordar con profundidad estas cuestiones buscamos a Rodrigo Guerra, quien es doctor en Filosofía por la Academia Internacional de Liechtenstein, miembro ordinario de la Academia Pontificia por la Vida del Consejo Pontificio para el Desarrollo Humano Integral y del Equipo Teológico del CELAM. Es fundador del CISAV (Centro de Investigación Social Avanzada) y autor de los libros Volver a la persona (Caparrós, Madrid 2002); Afirmar a la persona por sí misma (CNDH, México 2003); y Católicos y políticos, con prólogo de Jorge Mario Bergoglio (Ágape, Bs. As. 2006), entre otros.

Recientemente hemos visto una polémica desatada por Mons. Viganò en contra del papa Francisco tras los escándalos de pederastia en Estados Unidos. ¿Cuál es la circunstancia en la que se da este ataque?

El contexto es muy complejo y amplio. Sin embargo, vale la pena distinguir al menos dos ingredientes fundamantales: por una parte está el hecho real de una subcultura de abuso sexual en algunos sectores del clero norteamericano -y de otros países- que tuvo su momento más oscuro en la segunda mitad del siglo XX, y por otra parte está el creciente malestar que experimentan los sectores ultraconservadores norteamericanos –y sus redes internacionales- con el pontificado del papa Francisco.

¿Qué le corresponde al Papa y qué le corresponde a las conferencias episcopales en esta crisis?

Al Papa sin duda le corresponde dictar los criterios generales y las normas canónicas para prevenir y para sancionar conforme al Derecho interno de la Iglesia. A las conferencias episcopales les corresponde implementar estos criterios y normas en cada contexto social y estatal.

En general, se puede decir que desde San Juan Pablo II el criterio ha sido “tolerancia cero” y colaboración responsable con las autoridades civiles en la persecución de crímenes. Sin embargo, cada país posee condiciones diversas que es preciso comprender: no es lo mismo colaborar con las autoridades en Cuba que en Estados Unidos, en Venezuela o en México que en Alemania o en Chile.

Asimismo, los mecanismos con los que cuenta la Iglesia y el Estado son diferenciados: la Iglesia no posee un mecanismo policial de persecución del delito, cosa que le corresponde al Estado. Por eso, es bueno recordar que la cultura de la denuncia ante las autoridades civiles requiere ampliarse, aún en países como los Estados Unidos o México.

¿Por qué seguir a Francisco en medio de los escándalos?

Para un católico, la fidelidad al Papa es una dimensión constitutiva de la fe. El Papa no es el CEO de empresa o un mero gobernante de un Estado. A través de la carne frágil del Pontífice se opera parte del Misterio con el que Dios cuida a su pueblo y lo mantiene en unidad. Francisco es el Pedro de hoy.

Es el limitado pescador llamado a una misión que supera las fuerzas de cualquiera. Sin embargo, el ministerio de Pedro está sostenido por María, medianera de todas las gracias. Ella cuida y protege al Papa muy especialmente. Él es de Ella. El Enemigo quiere hacer creer que puede ganar esta batalla. Pero no es así. El padre de la mentira ya está derrotado. Nada se sale del control de Dios. Si todo esto sucede es en buena medida para purificarnos, para darnos una nueva oportunidad de corregir, para darnos una nueva oportunidad de regresar a lo esencial: unirnos al “sí” de Pedro y ver cómo a pesar de nuestra traición, Jesús cumple su promesa de sostener a la Iglesia y a su Vicario.

¿Cómo explicar que algunos de los críticos del actual Papa eran celosos defensores de otros pontífices en el pasado?

La fidelidad al Papa puede ser verdadera, como la de nuestro pueblo humilde, pobre, que reconoce con sencillez a su Pastor, sea quien sea. Pero también, la fidelidad puede ser ideológica, como cuando sólo acepto al Papa que me complace, que no me cuestiona, que no me molesta. Es ideológico, es decir, es una comprensión reductiva y facciosa de la fe cuando sólo acepto al Papa que va de acuerdo con mi conservadurismo o mi liberalismo. Dicho de otro modo: algunas personas y grupos pareciera que quieren un Papa a modo, a la carta. En el fondo, esto es la vieja herejía gnóstica: mi propio pensamiento es la medida de la realidad y mi método de salvación. Si el Papa no encaja con lo que pienso, si no hace lo que yo creo que se debe de hacer, entonces lo rechazó de manera explícita o encubierta.

¿Existe rechazo encubierto al Papa Francisco en el mundo conservador?

Me parece que existen indicios de que algunas personas y grupos aunque externamente pueden llegar a vitorear al Papa en una visita pontificia, sin embargo, guardan reservas a algunos puntos de su enseñanza. Un caso interesante es el relativo a la adhesión a la Exhortación “Amoris laetitia” y a la adhesión a la carta en la que el propio Papa señala cómo debe ser esta interpretada. Me refiero a la carta que él dirige a los obispos de la Provincia de Buenos Aires que algunos llegaron a afirmar que era un texto meramente “privado” y que no constituía Magisterio ordinario.

Hoy este breve texto está en el Acta Apostolicae Saedis e incluye un “rescripto” en el que el Secretario de Estado, el Cardenal Parolin, explica que esa carta es verdadero Magisterio. Resistirse de manera encubierta a la enseñanza oficial de la Iglesia rápidamente evoluciona en actitudes y eventualmente en acciones que fracturan la comunión. Y sin comunión, la fe se vuelve no-creíble.

Tal vez algunos piensen que la comunión solamente se mantiene si la Iglesia repite lo enseñado por los pontífices del pasado…

El catecismo de la Iglesia católica enseña que el Papa reinante es fundamento visible de la unidad de la Iglesia. Por esto, entre otras cosas, la comunión eclesial es comunión con el Sucesor de Pedro. El Magisterio precedente sin dudas debe iluminar al Magisterio actual. Pero el Magisterio actual, a su vez, es criterio también para interpretar el precedente. Este círculo interpretativo es el propio de la “fidelidad creativa”, es decir, de la fidelidad radical al depósito de la fe que nunca termina de ser acogido y comprendido del todo. Por eso, una misma fe inalterable puede dar lugar a una mejor comprensión y expresión de la misma, como de hecho ha sucedido a lo largo de la historia.

¿Cómo está configurado el rechazo explícito al Papa Francisco en el mundo conservador?

Existen cuatro grandes grupos con muchos subgrupos y vasos comunicantes entre sí. Disculpa lo esquemático del planteamiento, pero tal vez pueda ser de utilidad didáctica para alguien.

En primer lugar están los viejos sedevacantistas y lefebvristas que rompieron con la Iglesia a partir del Concilio Vaticano II. En este mundo existe una parte clerical que insiste en su desacuerdo por la doctrina contemporánea sobre el ecumenismo y el rechazo al Novus ordo missae. Así mismo, existe una parte más de índole laical muchas veces vinculada a agrupaciones de extrema derecha. Un ejemplo visible es Jean Marie Le Pen y su hijita Marine, líderes del Frente Nacional en Francia. Este universo es pequeño y se encuentra muy dividido: unos declaran que el Papa es hereje, otros que el Papa es falso, unos defienden modalidalidades de antisemitismo teológico, otros ven conspiraciones masónicas en cada cosa que no les parece al interior de la Iglesia. En todos los casos, es perceptible su creciente debilidad teológico-filosófica (por ejemplo, véanse web sites como Rorate Caeli o Adelante la fe). Con frecuencia se descalifican entre ellos y todos juntos critican a los Papas desde la época de Juan XXIII, al menos.

En segundo lugar están las personas y comunidades que si bien no rompen con la Iglesia, sin embargo, piensan “in pectore” que el Concilio Vaticano II fue un tanto ambiguo y sus consecuencias más bien negativas. En este mundo se custodia celosamente una ortodoxia formalista y un quehacer teológico esclerótico y rigorista. Gustan leer parcial y tendenciosamente a Santo Tomás de Aquino y a San Juan Pablo II, subrayando las “frases” que más les convienen. Una parte importante del magisterio de Francisco apunta a corregir estas deformaciones parcialmente gnósticas, parcialmente neopelagianas. En estas atmósferas es fácil ver cómo el cristianismo es anunciado en clave de “valores” o de ley natural, es decir, como un cierto compromiso ético, como un cierto conservadurismo social. El Kerygma les resulta ajeno.

No es extraño que este segmento sienta simpatía por diversas formas de neoliberalismo basado en “valores” y que mire a la Doctrina social de la Iglesia principalmente en clave “empresarial”, dejando de lado todo su potencial profético y transformador. En Estados Unidos, por ejemplo, existen importantes medios de comunicación que ya sea por televisión, ya sea por sus portales en internet manifiestan esto: el mundo está mal, los valores son lo importante (1P5, Life Site News, Church Militant). Varios de ellos, ya toleran posturas que rayan en el sede-vacantismo entre sus plumas principales. Así mismo, existen en este país importantes think-tanks que difunden alegremente una suerte de “teología de la prosperidad” en versión semi-católica. Pienso en el American Enterprise Institute, el Acton Institute y sus periferias. A nivel litúrgico, algunos de estos círculos gustan de misas en latín y rechazan, por ejemplo, el canto católico más latinoamericano. Las críticas al Papa Francisco en este segmento normalmente se hacen contrastándolo con una versión ideológica y deslactosada de San Juan Pablo II. En España, auspician portales web de apariencia “ortodoxa” pero que vierten veneno cuando el Papa no cumple su estándar doctrinal. Este es el caso de Infocatolica e Infovaticana. En Italia tienen servicios de noticias de amplia difusión en diversos idiomas, como el de Sandro Magister.

Un caso interesante aquí es el de Roberto de Mattei, discípulo de Plinio Correa de Oliveira (fundador del grupo integrista TFP), quien nombró a su boletín informativo “Corrispondenza romana”, nombre que tenía una de las revistas de la organización integrista secreta “Sapinière” (el “Sodalitium Pianum”), condenada por Pío XI. Todos estos grupos en la actualidad se comunican entre sí, se apoyan publicando artículos en común y en la actualidad quisieran que el Papa renuncie o que Francisco de algún modo desaparezca.

 

Pero además existen personas y grupos que sin estar vinculadas estrechamente con estas redes ultraconservadoras también critican al Papa Francisco…

Así es. El tercer conjunto es el de los católicos que no logran advertir que el conservadurismo – como el liberalismo – es un compromiso ideológico dificilmente compatible con el evangelio. Aquí existe mucha gente buena, sin sólida formación doctrinal y espiritual, pero que ha sido víctima del moralismo y que cree que los cristianos estamos principalmente llamados a dar “buen ejemplo”, a ser “personas de valores”, a ser “conservadores”. Al aparecer una crisis como la relativa al abuso sexual del clero, se escandalizan y se sienten tentados a refugiarse en algún ghetto cátaro, es decir, en alguna eclesiola puritana y paralela.

Un amigo me decía “estos señores intentan vivir la fe sin leer a Peguy”. Yo más bien diría, intentan vivir la fe sin seguir a Jesús y el estilo de vida de Jesús. Indiscutiblemente se escandalizarían si viésen al Señor defender a la “mujer adúltera” a punto de ser lapidada. En este sector, de cuando en cuando, aparece una tendencia a la búsqueda de fenómenos extraordinarios (milagros eucarísticos, mensajes marianos de dudosa procedencia, advertensias apocalípticas de algún exorcista de moda, etc.). Hábidos consumidores de Facebook difunden mensajes que mezclan piedad, pesimismo, y escándalo ante el mundo. En muchas ocasiones viven la fe al margen de acontecimientos como Puebla o Aparecida. Eso sí, son pro-vida y pro-familia al modo conservador. Al momento en que Francisco aparece en el escenario: lo miran con extrañeza: “¿qué el Papa no debería ser como nosotros?”.

Finalmente, el cuarto grupo de conservadores que rechazan a Francisco está integrado por personas que al márgen de la fe católica, sin embargo, optan por la defensa y promoción de algunos “valores innegociables” normalmente acompañados de la distorsión propia de alguna ideología política. Aprecian a los católicos porque han colaborado ha construir la civilización occidental y buscan manipularlos para sus propios fines nacionalistas, xenófobos y autoritarios. Un ejemplo, muy conocido es Steve Bannon, ex-asesor de Donald Trump, ávido lector de Julius Evola – filósofo fascista y esoterista italiano-. Actualmente Bannon intenta hacer una suerte de alianza internacional de derechas denominada “The Movement”. Salvini, uno de los líderes de extrema derecha italiana se le ha sumado ya. Así mismo, es perceptible que Bannon está rondando a Viktor Orban, Primer ministro de Hungría. La cercanía de Bannon con el Cardenal Burke – que ha desafiado la autoridad del Magisterio pontificio – es pública. Ambos colaboran y auspician el Instituto “Dignitatis Humanae” en Roma. Este cuarto grupo recuerda en algún grado la aventura de Charles Maurras y el movimiento “Action Francais” en el primer tercio del siglo XX.

¿Existe un neo-maurrasianismo político buscando influir en la Iglesia?

Más allá, de Bannon y sus incursiones internacionales, los grupos ultra-nacionalistas de extrema derecha en Europa, Estados Unidos, Rusia y América Latina buscan su cercanía con los sectores más conservadores de la Iglesia católica y viceversa. Ambos mundos se sienten cómodos entre sí. Si un hombre cercanísimo a Putin apoya los “valores de la familia”, como Vladimir Yakunin, no será extraño que en las atmósferas que crea se reunan personas que desafían abiertamente el Magisterio del Papa Francisco, como Christine Vollmer.

Fácilmente los católicos creen que pueden sortear los riesgos de estas alianzas y colaboraciones. Sin embargo, la historia es maestra. Me atrevo a mencionar una anécdota ilustrativa: a comienzos de la década de los setenta Julio Meinvielle, sacerdote anticomunista, antimasón y antisemita visitó la Ciudad de Puebla. Quienes hablaron con él en esa época se sorprendieron cómo al momento de conversar sobre la importancia de combatir al comunismo soviético, instrumento de la “judeo-masonería”, afirmaba que era preciso hacer una “alianza estratégica” con la China de Mao. De este modo, el perspicaz sacerdote sería víctima de un trasvase ideológico inadvertido. Varios discípulos de Meinvielle militarían en grupos de choque de extrema derecha y posteriormente los veremos reaparecer, años después, en grupos de izquierda. Los extremos terminan tocándose. Los católicos habitados por la ideología, aún cuando te miran a los ojos con gran seguridad al momento de hablar de sus planes y proyectos, fácilmente son víctimas de la lógica mundana: el poder los seduce y los instrumentaliza. Por eso, es tan importante dejarse educar por la Iglesia, y en particular, por el Magisterio del Santo Padre: él nos corrige continuamente. Ninguno estamos excentos de estas fuertes tentaciones.

En este amplio escenario, el abuso sexual del clero parece entonces ser un doloroso caso al interior de una controversia mayor.

Los problemas en la vida afectiva, incluida la vida sexual, normalmente no son causa sino efecto de otros fenómenos más complejos. Me gusta recordar una pequeña frase del Cardenal Ratzinger que llega de golpe hasta el fondo de la cuestión: “La tentación de transformar el cristianismo en moralismo y de concentrar todo en la acción moral del hombre es grande en todos los tiempos. (…) Creo que la tentación de reducir el cristianismo a moralismo es grandísima incluso en nuestro tiempo (…) Dicho de otro modo, Agustín enseña que la santidad y la rectitud cristianas no consisten en ninguna grandeza sobrehumana o talento superior. Si fuera así, el cristianismo se convertiría en una religión para algunos héroes o para grupos de elegidos.”

En efecto, el problema fundamental de la Iglesia hoy no es de orden sexual. Es de orden espiritual: o reconocemos a la persona viva de Jesucristo como realidad irreductible a cualquier teoría especulativa o ética o nos sumergimos en el moralismo ya sea de tipo permisivo, ya sea de tipo rigorista. Ambas posturas, aparentemente contrapuestas, están conectadas por diversas vías. Los casos Maciel y Figari lo ilustran muy bien: adalides del anti-progresismo, del combate a la “teología de la liberación”, aparentemente “ortodoxos” y “fidelísimos”, eran permisivos en su vida privada y no tan privada. Ambos estaban convencidos que es importante organizar espacios de cristianos selectos, líderes, influyentes: grupos de elegidos llamados a transformar el mundo desde el vértice superior de la vida social. En otras palabras: una propuesta metodológica inversa a la kénosis cristiana, al abajamiento, a privilegiar los “medios pobres” y a la vida conforme a la opción preferencial por los más olvidados y excluidos de nuestras sociedades. Y que conste que no estoy sugiriendo abandonar a los líderes políticos, económicos o culturales de nuestro tiempo. Lo que digo es que toda comunidad cristiana para ser cristiana tiene que estar metodológica y pedagógicamente abierta a todos, en especial, a los más pobres, con los que Cristo se identifica. Crear aristocracias cerradas que sólo comparten con los pobres cuando “hacen misiones” no es conforme al espíritu y a la letra del evangelio y del Magisterio contemporáneo.

¿Cuál es la esperanza en este difícil contexto?

La Esperanza siempre es María. Ella aplasta la cabeza del padre de la mentira, del acusador por excelencia. Desde el Tepeyac, la Virgen nos recuerda que estamos en su regazo, en el cruce de sus brazos. Esto significa que Ella nos cuida y es nuestro “escudo”. Sólo nos pide reconocernos frágiles, pecadores y necesitados. Cuando tocamos fondo, Ella nos rescata, nos cura las heridas con ternura y nos prepara al seguimiento radical de su Hijo, como lo hizo con San Juan Diego. En otras palabras, desde esta experiencia de humillación y despojamiento, María nos regala a Jesucristo, que hace nuevas todas las cosas. También en esta hora dramática para la Iglesia.

Fuente: https://revista-humanum.com/2018/09/26/conservadurismo-el-papa-francisco-y-el-abuso-sexual-del-clero/

Escrito por Víctor Vorrath